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La salvación y las distintas tradiciones religiosas
por F. Santos
Diálogo interreligioso
LA SALVACIÓN Y LAS DISTINTAS TRADICIONES RELIGIOSAS
 
            La salvación está unida al rostro de Dios que cada tradición religiosa ofrece. Cada religión se presenta como salvífica, portadora de salvación, para sus fieles. Es éste un término clave para el diálogo interreligioso no exento de dificultades tanto en su comprensión diversa como en las condiciones específicas de cada corriente religiosa.
 
Modalidades distintas de salvación                       
 
            El cristianismo aporta al diálogo interreligioso un elemento que puede resultar a primera vista excesivamente restrictivo: el poder salvador de Jesucristo. Admitir que las otras tradiciones religiosas, sin conocer a Cristo ni considerarlo, juegan un papel positivo en el misterio de la salvación de sus miembros equivaldría a establecer caminos paralelos de salvación, y por tanto poner en cuestión la salvación en Cristo. El planteamiento de la posibilidad de salvación, caminos para el encuentro con Dios, en las otras tradiciones religiosas es tan legítimo como la presentación de Jesucristo como manera concreta de salvación. El aspecto central de reflexión para el diálogo interreligioso consiste en armonizar estos dos principios: ¿Es Jesucristo salvador de todos los hombres? ¿Son salvíficas todas las religiones? La reflexión teológica ofrece elementos iluminadores para continuar un diálogo que lejos de concluirse está en sus inicios.
 
Teorías para confirmar la voluntad salvífica de Dios
 
            Existe para el cristiano un principio de voluntad salvífica universal de Dios y la profunda convicción de que Jesucristo es la mediación para esta salvación. Los teólogos han desarrollado distintas teorías que pretenden dar razón de la validez de las distintas tradiciones religiosas.
            Una de estas teorías es la del cumplimiento. Consiste en considerar las religiones como aspiraciones de la humanidad a encontrar a Dios. A esta aspiración Dios le da cumplimiento con el misterio de Cristo, que alcanza a los miembros de las otras tradiciones religiosas, aunque éstas sean consideradas en sí mismas sin una función específica en el misterio de salvación. Esta teoría resolvería la disyuntiva de los diversos caminos de salvación, pero de hecho niega la “salvación sin evangelio” que las confesiones no cristianas ofrecen.
            Frente a esta teoría, se postula la de la presencia de Cristo en las religiones. En esta teoría, las diversas tradiciones religiosas de la humanidad representan intervenciones de Dios dentro de la historia de salvación y están orientadas hacia el acontecimiento decisivo en Jesucristo. De esta manera, cada religión seguiría conservando hoy un valor positivo para sus miembros en orden a la salvación por la presencia operativa en ellas de Jesucristo y de su misterio salvador. Esta teoría admite que en toda religión hay una intervención divina en la historia y una mediación existencial de la salvación en Jesucristo. Esta teoría admite la salvación sin evangelio, aunque no sin Cristo, por lo que los miembros de las otras tradiciones religiosas reciben la salvación de Cristo, no a pesar de su filiación religiosa y de la práctica sincera de su tradición, sino en ella, y, en cierto modo, a través de ella.
            Ambas teorías han intentado comprender de qué manera concreta llega el poder salvador de Cristo a los que están fuera de la confesión cristiana. Evidentemente, encuentra dificultades en el diálogo el hecho de considerar las tradiciones no cristianas como “preparación evangélica”, “cristianos anónimos” o términos similares que relacionan con Cristo todas las tradiciones religiosas.
 
La acción del Espíritu de Cristo y sus mediaciones
 
            Llegados a este punto, debemos decantar algunas conclusiones y plantear la cuestión fundamental. Sin negar que cada tradición religiosa es para sus miembros un medio de salvación, porque comprometeríamos en caso contrario la unión entre la vida religiosa personal y subjetiva y la tradición religiosa objetiva, podemos establecer que para los cristianos, existe un criterio de discernimiento de los valores salvíficos: la percepción que se tiene del espíritu de Jesucristo en la teoría y en la práctica de las distintas tradiciones religiosas. Para los cristianos, Jesucristo es el factor decisorio sobre las mediaciones salvíficas. De un modo amplio, podemos considerar que tanto la capacidad salvífica de las religiones como la universalidad salvífica de Cristo quedan planteadas en esta orientación. Dios ofrece su salvación a todos y para cada uno en manifestaciones concretas, históricas y limitadas. En Cristo crucificado y resucitado esta salvación ha sido ya realizada. Las otras tradiciones religiosas, en relación a este acontecimiento, representan realizaciones particulares de este proceso, que es universal y a la vez concreto en Cristo. La cuestión central consiste entonces en encontrar el modo de reflejar cómo Dios va salvando al hombre en la historia a la que Cristo ha quedado asociado con su encarnación, muerte y resurrección. ¿Serán admisibles estos planteamientos para todos?

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