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Paradigmas y modelos para el diálogo interreligioso
por F. Santos
Diálogo interreligioso
PARADIGMAS Y MODELOS PARA EL DIALOGO INTERRELIGIOSO
 
Cuando examinamos las distintas comprensiones que tienen las diversas tradiciones religiosas de Dios, la salvación, sus mediaciones, etc., comprendemos la dificultad de un diálogo en las condiciones que hasta la actualidad se han venido desarrollando en el ámbito teológico. Los presupuestos de un diálogo, tal y como los hemos presentado no encajan en cualquier paradigma -entendido éste como principio de inteligibilidad y clave de interpretación global de la realidad-, por lo que según sea el paradigma, así serán los distintos modelos que cada tradición religiosa pueda desarrollar, tendiendo a hacerlos complementarios unos de otros. ¿Funda este planteamiento un camino de diálogo o indica las objetivas dificultades para ello?
 
Cambios de paradigma
 
A lo largo de la historia del diálogo interreligioso se han producido diversos cambios de paradigma. Exponerlos nos facilita la percepción del camino recorrido, y mucho más la intuición de lo que queda por recorrer.
En primer lugar, se ha producido un paso de una perspectiva eclesiocéntrica, en la que la salvación se podía conseguir sólo mediante la fe en Jesucristo profesada en la Iglesia, a una cristocéntrica en la que es el misterio de Jesucristo quien está al centro del acontecimiento salvífico. Con este cambio de paradigma se pretendía salir al paso del exclusivismo que suponía la visión eclesiocéntrica para desarrollar el diálogo interreligioso desde la clave inclusivista del cristocentrismo. Las posibilidades de diálogo se abrían al propugnar una visión de la iglesia des-centrada de sí y re-centrada en Cristo. El axioma clásico “fuera de la Iglesia no hay salvación” pasó a ser un ejemplo de tendencia eclesiológica maximalista que en el modelo inclusivo no tenía razón de ser. El fundamento teológico de este cambio de paradigma hacía justicia a una teología de las religiones en la que la Iglesia es contemplada como misterio derivado y relativo al misterio de Cristo, y por tanto es desde Cristo y la relación con él desde donde se contempla la salvación y no desde la pertenencia a la Iglesia. A pesar de este cambio, de cara al diálogo interreligioso no resultó suficiente el paradigma cristocéntrico, pese a la posición inclusivista.
Un segundo cambio de paradigma postula el paso de una perspectiva cristocéntrica a otra teocéntrica. En este cambio no se buscan tanto modelos de tipo inclusivista, como el de “cristianos anónimos” de K. Rahner, sino un planteamiento plurarista por el que se sustituye la única mediación universal y constitutiva de Cristo por muchos caminos o figuras salvíficas de igual valor que conducen a Dios. En este paradigma, las distintas tradiciones religiosas son caminos que conducen a Dios, cada uno de los cuales, a pesar de las diferencias, tiene igual validez. Y pese a que pudiera parecer que este paradigma posibilita cualquier diálogo, no resulta así. Las objeciones actuales a este planteamiento llevan por un lado a la reticencia cristiana a admitir un paradigma que prescinda de la función de Cristo en orden a la salvación, y no tenga en cuenta otros modelos propuestos como el reinocentrismo, el soteriocentrismo, el logocentrismo y el pneumacentrismo. Por otro lado, representantes de tradiciones religiosas orientales han objetado que los planteamientos expresados en los distintos paradigmas expuestos son extraños fuera de las categorías occidentales.
El camino recorrido nos lleva a reconocer que no falta razón a quien sugiere que los teólogos del pluralismo religioso deben intentar ser sistemáticos, pero no sistémicos. La organización por sistemas teológicos, tales como los que hemos indicado, puede concluir que el diálogo no se establezca, debido a que se renuncia precisamente a la integración de las diferencias, a la asimetría entre los puntos de vista. Es necesario, por tanto, superar la alternativa entre inclusivismo y pluralismo, que es como están actualmente las cosas. Desde una perspectiva católica no resulta viable renunciar a un cristocentrismo inclusivista en aras de un teocentrismo pluralista que no sea inclusivo.
 
Hacia una teología cristiana del pluralismo religioso inclusivo
 
Ante este panorama, surge una propuesta. La validez de una teología cristiana de las religiones debe tener en cuenta dos aspectos: su fidelidad a Cristo y a la tradición cristiana y su capacidad de estimular a los cristianos a crear relaciones positivas y provechosas con las demás tradiciones religiosas. Junto a estos aspectos, se debe también tener en cuenta el riesgo a evitar: tanto el absolutismo como el relativismo. La adhesión a la propia fe tiene que ser compatible con la apertura a la de los demás. No se afianza ni crece la propia identidad religiosa por la contraposición a la de los demás, sino en virtud del encuentro con ellas. ¿Existe un modelo para esto?

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