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Una teologia cristiana del pluralismo religioso inclusivo
por F. Santos
Diáologo interreligioso
UNA TEOLOGIA CRISTIANA DEL PLURALISMO RELIGIOSO INCLUSIVO
                      
Los teólogos del pluralismo religioso llevan varias décadas intentando crear un modelo de diálogo en el que las tradiciones religiosas conserven sus particularidades y avancen en la búsqueda de elementos de convergencia. Hasta ahora hemos expuesto este proceso. Los logros no son despreciables. Sin embargo, resulta insuficiente el grado de diálogo establecido. Existen por ahora cuestiones de lenta evolución. La central de estas cuestiones se formula mediante la expresión: “caminos de salvación”. Desde el punto de vista católico no se ha llegado a afirmar categóricamente que las otras tradiciones religiosas sean “caminos” de salvación para sus seguidores. Esta reticencia tiene su razón de ser en la dificultad que esto presenta para la comprensión de la tradición católica de la unicidad y universalidad salvífica que se ofrece en Jesucristo.
 
Elementos de verdad y de gracia contenidos en las religiones
 
A lo más que llegó el concilio Vaticano II con respecto a las otras tradiciones religiosas fue a afirmar que contienen elementos de verdad y de gracia en los que de algún modo se da presencia de Dios. Posteriormente al concilio, otros documentos han llegado a afirmar que “a través de la práctica de lo que es bueno en sus propias tradiciones religiosas, y siguiendo los dictámenes de su conciencia, los miembros de las otras religiones responden positivamente a la invitación de Dios y reciben la salvación en Jesucristo, aun cuando no lo reconozcan como su salvador” (Diálogo y anuncio (1991), 29). Estas ideas les parecen suficientes a los teólogos que consideran a las demás religiones como caminos de salvación para sus fieles.
Llevar adelante la reflexión con estos presupuestos implica considerar que hay múltiples modos en los que Dios se ha relacionado con los pueblos y las naciones, y que el pluralismo religioso debe ser reconocido como un don divino. A este punto, desde una teología consecuente, deberíamos responder a la cuestión central del diálogo interreligioso: ¿Qué papel le corresponde a las otras tradiciones religiosas en la economía divina de la salvación?
 
Un modelo inclusivo
 
Manteniendo la interrogación formulada, vemos por otro lado que la respuesta debe tener unos elementos que son irrenunciables para el cristianismo, y es que la acción salvífica de Dios se realiza siempre dentro del marco de un plan unificado. La acción salvífica es única y al mismo tiempo polifacética. No prescinde nunca del acontecimiento Cristo, en el que encuentra su máxima densidad histórica este plan de salvación.
Por tanto, admitir un puesto a las religiones en la salvación de los hombres debe estar integrado en el plan de salvación que llega a la humanidad por Jesucristo. Es a partir de este cruce de caminos donde aparecen las divergencias en las opiniones. Si por un lado es difícil precisar en qué sentido las religiones históricas sirven a sus miembros como mediación de la presencia del misterio de Cristo, se admite por otro que el misterio de la salvación es sólo uno: el misterio de Cristo.
Es probable que estos planteamientos del pluralismo religioso nos estén ya indicando que necesitamos revisar nuestro modo de entender la figura de Cristo en el plan de salvación. Por esto, la Congregación para la Doctrina de la Fe ha llamado la atención sobre algunos principios que no pueden ser olvidados en un esfuerzo por dialogar con honestidad desde una afirmación clara de la postura de cada interlocutor (ver Dominus Iesus).
 
Valores complementarios y caminos convergentes
 
A modo de síntesis, con una consciente tendencia minimalista, podemos considerar que las diversas tradiciones religiosas del mundo contienen elementos “de verdad y de gracia” (AG 9) y la verdad y el amor de Dios llegan a todos los hombres en las diversas maneras “de sólo Dios conocida” (GS 22), con frecuencia más allá de nuestras cortas previsiones y cálculos.
Con estos elementos de la doctrina conciliar, nos parece que la puerta está suficientemente abierta como para entender de modo nuevo la “complementariedad” de las religiones por la que tiene lugar un intercambio de valores salvíficos entre el cristianismo y las otras tradiciones.
Algunos teólogos llegan a postular una “convergencia” entre las tradiciones religiosas y el misterio de Jesucristo. Se presenta a Jesucristo como la “figura integral” de la salvación de Dios y a las otras tradiciones también como “realizaciones particulares” de un proceso universal de salvación. La salvación se realiza en todas partes, pero en la figura concreta de Cristo crucificado se ve que la obra de la salvación se ha cumplido. La convergencia está en que existe una presencia inclusiva del misterio de Jesucristo en la historia. ¿Basta así?

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