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Jesucristo al encuentro de las religiones
por F. Santos
Diálogo interreligioso
JESUCRISTO AL ENCUENTRO DE LAS RELIGIONES
 
Tomamos el presente título de un libro clásico sobre diálogo interreligioso de Jacques Dupuis, quien posteriormente ha profundizado sus planteamientos intentado crear puentes en el diálogo desde una perspectiva católica. Llegamos con este título a la conclusión de nuestras reflexiones sobre el diálogo interreligioso. Quisiéramos presentar en esta página la figura de Jesús como salvador universal y posibilidad realizada de la mayor creatividad salvífica ofrecida por Dios. La cristología nos dice que por el misterio pascual Cristo asocia vitalmente al creyente a sí mismo en el Espíritu Santo, y le da la esperanza de la resurrección. Creemos, como afirma el Concilio Vaticano II, que esto vale no sólo para los cristianos, sino para todos los hombres de buena voluntad, en cuyo corazón obra la gracia de modo invisible. Cristo murió por todos, y la vocación suprema del hombre es una sola, y es Dios. En consecuencia, creemos que el Espíritu Santo ofrece a todos la posibilidad de que, en la forma de sólo Dios conocida, se asocien a este misterio pascual. (ver GS 22).
 
El poder salvífico universal de Jesucristo
 
Desde el inicio, la comunidad de los creyentes en Jesucristo ha reconocido que él posee una tal valencia salvífica, que él sólo, como Hijo de Dios hecho hombre, crucificado y resucitado, en virtud de la misión recibida del Padre y en la potencia del Espíritu Santo, tiene el objetivo de donar la revelación y la vida en Dios a toda la humanidad y a cada hombre. Por esto, Jesucristo tiene para el género humano y su historia un significado y un valor singular y único. Desde esta perspectiva salvífica contenida en Cristo es desde la que indicamos su encuentro con las demás tradiciones religiosas. Y para no relegar este principio dogmático de la salvación universal en Cristo, debemos ofrecer un planteamiento cristológico abierto e integrador, inclusivo en el que las otras tradiciones religiosas puedan encontrar sentido positivo a su papel en la historia de la salvación de sus seguidores. ¿Qué cristología es, entonces, posible?
 
Cristología trinitaria y pneumatológica
 
Hablamos de una cristología trinitaria para poner de relieve la importancia de la comunicación entre las personas divinas y su unidad en el plan de salvación. Desde aquí, dos aspectos de la cristología deben ser tenidos en cuenta para que se abra espacio a las otras tradiciones religiosas. En primer lugar, Jesucristo nunca sustituye al Padre. Y esto, en nuestro contexto de diálogo interreligioso significa que el Dios de Jesucristo es el principio absoluto y que Cristo es el centro de las relaciones libremente mantenidas por Dios con la humanidad en la historia. En segundo lugar, Jesús está en relación con el Espíritu, lo que significa que la presencia y la acción universal del Espíritu, el Espíritu de Cristo, en la historia de la humanidad es el hilo conductor y el principio guía de esta historia.
Vemos así que no existe más que una sola economía de salvación en la que las personas divinas están presentes. Con este trasfondo podemos comprender adecuadamente la centralidad, unicidad y universalidad salvífica de Cristo. Con esta perspectiva, la acción salvífica de Dios Padre llega a todo hombre por Cristo, en el Espíritu y nadie queda excluido de esta realidad. No existen entonces vías paralelas de salvación, sino un “pluralismo inclusivo”. Esta terminología mantiene juntos el carácter constitutivo universal del acontecimiento Cristo en el orden de la salvación y el papel y significado positivo de las otras tradiciones religiosas en el plan de Dios único y multiforme para la humanidad.
 
Una cristología que busca
 
En Jesucristo tenemos el “rostro humano de Dios”, y esto significa que en él Dios sale al encuentro del hombre de una forma plenamente humana. Si no olvidamos este significado profundo de la encarnación, la posibilidad del encuentro de Dios con el hombre en Cristo, podremos trabajar para que la fe y la doctrina cristiana puedan combinar la afirmación de fe de la unicidad de Jesucristo como salvador universal con la concepción teológica que reconoce que las otras tradiciones religiosas tienen un papel y un significado positivo en el plan de Dios, que sale al encuentro de todo hombre que lo busca con sincero corazón.
La comunión en la diferencia que caracteriza la vida íntima en Dios nos debería servir de paradigma para entender su dinámica de salvación en su relación con la humanidad. De aquí que la pluralidad de las religiones encuentra su fuente en un Dios que es amor y comunicación.

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