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Diálogo interreligioso y búsqueda de la paz
por A. Jimenez
Diálogo interreligioso
DIÁLOGO INTERRELIGIOSO Y BÚSQUEDA DE LA PAZ
 
            “De las espadas forjarán arados, de las lanzas, podaderas. No alzará la espada pueblo contra pueblo, ya no se adiestrarán para la guerra” (Is 2, 4). Estas palabras del profeta Isaías iluminan los sueños de paz de los hombres y mujeres de buena voluntad. Las religiones que, en otros tiempos, pudieron ser promotoras de violencia y de guerras, hoy consideran la paz como una de sus metas más ansiadas.
            En un mundo cada día más entrelazado, ante la realidad de la multiculturalidad, las religiones buscan ya algo más que la mera coexistencia o la ausencia de violencia. Y es ahí donde el diálogo interreligioso se hace herramienta estratégica para el presente y el futuro de la humanidad. Desde la tolerancia, las religiones han de buscar la comunicación y el encuentro para abrir un camino que conduzca a la llamada interculturalidad, entendida como respeto mutuo, convivencia fecunda, enriquecimiento humano. La interculturalidad ha de contemplarse también como un compromiso decidido por la paz…
            Y no habrá paz sin diálogo, y éste no será viable sin el conocimiento mutuo de las diversas tradiciones religiosas y sin la comprensión a la originalidad de cada opción religiosa.
            El diálogo interreligioso debe promover un compromiso serio por la educación para la paz, que no puede restringirse sólo al marco de la escuela, de la enseñanza religiosa propia de cada credo o de las instituciones educativas públicas, sino que ha de abarcar la realidad total de la persona, de la sociedad y de este mundo en constante desarrollo. La educación para la paz pretende alcanzar la construcción de un nuevo orden internacional basado en un concepto de paz positivo, que cree una conciencia sólida y decidida sobre la solución no violenta de los conflictos y la promoción de la justicia. Y esto exige a las diversas religiones una apuesta clara por la práctica real de los derechos humanos en sus dimensiones económica, social y política, de modo que la paz promovida por el diálogo interreligioso no represente un simple ideal más o menos utópico sino que esté sostenida por los principios contenidos en la Declaración Universal de los Derechos Humanos que representan una auténtica conquista de toda la Humanidad.
            Este camino común hacia la paz de todas las grandes religiones implica, por tanto, la defensa de los valores éticos, la promoción de la justicia y la defensa de la vida. Por eso hoy la paz y la conciencia ecológica están profundamente vinculadas.
            El diálogo interreligioso debe ir más allá de las afirmaciones genéricas, ha de abrir cauces concretos de colaboración y mantener una actitud de crítica profética frente a todo aquello que suponga la destrucción del medio ambiente y la explotación descontrolada de los recursos en nombre del consumismo o del enriquecimiento abusivo de individuos, empresas o naciones.
            Y así será posible ir haciendo realidad poco a poco aquellas bellas imágenes del profeta Isaias 11, 6-9: “Entonces el lobo y el cordero irán juntos, y la pantera se tumbará con el cabrito, el novillo y el león engordarán juntos; un niño los pastorea; la vaca pastará con el oso, sus crías se tumbarán juntas, el león comerá paja como el buey. El niño jugará en la hura del áspid, la criatura meterá la mano en el escondrijo de la serpiente.”

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