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Diálogo interreligioso y educación
por A. Jimenez
Diálogo interreligioso
DIÁLOGO INTERRELIGIOSO Y EDUCACIÓN
 
            El diálogo, y en especial, el diálogo interreligioso no resulta una tarea fácil. La ignorancia, los prejuicios, el egoísmo, la carencia de una educación ética… pueden bloquearlo e incluso obstruirlo definitivamente. Por eso hemos de contemplar la educación también como un elemento decisivo de cara al futuro del encuentro interreligioso.
            En el contexto educativo, para ir preparando a las nuevas generaciones para un fecundo y coherente diálogo interreligioso, se ha de crear un ambiente en el que se formen personalidades sólidas frente a los ídolos omnipresentes del dinero, del poder o del placer. Necesitamos que haya una apuesta educativa por la justicia y la libertad, que se eduque a niños, adolescentes y jóvenes en el respeto a los demás, en la acogida incondicional, en valores y convicciones firmes, en la capacidad de empatía, en la tolerancia. Pero al mismo tiempo es imprescindible una fundamentada y personalizada educación en la fe. En tiempos de complejidad, pluralismo y confusión hay que preparar para saber afrontar las tentaciones del fundamentalismo, del sincretismo, del relativismo.
          
        Y la educación ética es insoslayable: la educación debe guiar hacia una coherente actitud ética. Y no hay otro camino para la educación moral que el respeto a una libertad humana que es acompañada, sin presiones ni autoritarismos, hacia la constitución de su propio proyecto de vida personal, promoviendo la construcción progresiva de un pensamiento moral autónomo, abriendo al individuo a la realidad social más allá de sus propios intereses, fomentando la solidaridad y la reciprocidad, alentando procesos deliberativos que culminen en decisiones morales personales.
En el ámbito educativo, teniendo como meta el diálogo interreligioso en un mundo multicultural, hoy más que nunca se necesita que el educador cristiano actúe como puente entre la cultura y la fe, y como tal se le exige una sólida base, un sólido cimiento en cada orilla: en la cultura y en la fe. ¿Y es así? La preparación cultural es ordinariamente buena, aunque es posible que el educador se sienta confuso por el pluralismo ambiental, por la aceleración histórica, por cierta incapacidad para seguir al día en el torrente de información que se genera en nuestro entorno. )Y el pilar de la fe? Hoy puede ser bastante frágil en la interioridad de no pocos educadores cristianos por la falta de una formación teológica adecuada, porque no se ha logrado una buena síntesis personal de la fe, porque se vive con conflictos religiosos no resueltos.
           
           Concluyendo: en estos momentos de pluralismo religioso, de realidad social multicultural, de búsqueda de diálogo interreligioso en camino hacia una interculturalidad humanamente fecunda y respetuosa con la originalidad religiosa, la escuela de inspiración cristiana ha de ofrecer un verdadero testimonio de praxis cristiana y una real alternativa desde la fe. ¿Cómo? Dios ha de aparecer como un valor central en el ambiente educativo de forma que no se esté enviando el mensaje subliminar de que lo decisivo en la existencia pueda ser la búsqueda de la propia gratificación, el ansia de poder o de prestigio. Los educandos han de percibir ya en el ambiente que el ser es más importante que el tener, y que el compartir es más humanizante que el acaparar. Desde esa base no será difícil abrirse generosamente a la experiencia de la alteridad, saber acoger al que piensa, vive y cree de forma distinta, para recorrer juntos el camino hacia un mundo más humano.

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